Nutrición

La alimentación desde el nacimiento hasta los 2 años de vida

29 de julio, 2015 | Alfonso Amado

 

  1. Introducción
  2. La importancia de la alimentación
  3. Lactancia materna.
  4. ¿Son necesarios suplementos nutricionales?
  5. Introducción progresiva de cada alimento
  6. Adecuados hábitos alimentarios. Consejos prácticos para los “malos comedores”

 

 1. Introducción

 

La alimentación en un bebé, junto con el sueño, es el tema que más ansiedad genera en unos nuevos padres. Existen varias razones que explican esto, y una de ellas es que no existen “dogmas de fe” en cuanto a la alimentación, por lo que los padres pueden recibir mensajes confusos en función del interlocutor.

 

Además, las recomendaciones de alimentación varían conforme avanza el conocimiento científico, modificándose con el tiempo. Cada vez sabemos más acerca de la alimentación adecuada para un bebé en crecimiento, y muchas de las recomendaciones previas han sido rebatidas por la evidencia científica reciente. Aún así, existen muchas “zonas grises” sobre las que investigar y ofrecer unas recomendaciones más sólidas a los padres. Intentaremos a lo largo de esta guía arrojar algo de luz sobre estas “zonas grises” y orientarte adecuadamente.

 

Partimos de la premisa de que no todas las recomendaciones de alimentación son aplicables a todos los niños. Una estrategia más útil es adaptarnos nosotros a las características de nuestro niño, en función de sus demandas y necesidades, siempre basándonos en los consensos de las sociedades científicas acerca de lo que es más conveniente para su desarrollo.

 

 

Quiero una cita. 

 

 

2. La importancia de la alimentación

 

Nuestra vida sedentaria, mecanizada y llena de abundancia muy poco tiene que ver con la vida itinerante y rudimentaria de nuestros antepasados dedicados a la caza y la recolección. La evolución que el ser humano ha experimentado en apenas 5.000 años ha hecho que las adaptaciones genéticas que lentamente se han ido produciendo durante miles de años de evolución ya no sean útiles e incluso resulten contraproducentes para el hombre moderno. Esto se ve reflejado claramente en la actual “epidemia” de obesidad.

 

Numerosos estudios recientes analizan como ciertos factores externos al hombre, entre ellos la nutrición, influyen en la susceptibilidad a desarrollar determinadas enfermedades. La alimentación en los dos primeros años de vida es determinante para el desarrollo de la susceptibilidad a sufrir determinadas enfermedades. Estamos ante un período “ventana” en el cual tenemos la oportunidad de cambiar la salud de nuestro niño a corto, medio y largo plazo.

 

 

3. Lactancia materna

 

Nuestro trabajo comienza inmediatamente tras el nacimiento. Existe un consenso generalizado de que lo más adecuado es poner al niño al pecho de la manera más precoz tras el parto, siempre que el estado de la madre y el hijo lo permita. De esta manera comienza a estimularse la producción de leche y se fortalece enormemente el vínculo materno-filial, clave en el desarrollo neurológico.

 

Este primer momento inmediatamente después del parto no tiene un objetivo “nutritivo”, ya que lo más frecuente es que el pequeño se quede dormido durante unas horas antes de comenzar a mamar adecuadamente. El contacto piel con piel tras el parto y el amamantamiento precoz tienen por objetivo facilitar una lactancia materna eficaz tras el nacimiento.

 

La lactancia materna es el alimento que deben recibir todos los recién nacidos, independientemente de su peso, edad gestacional, enfermedades, etc. No existe absolutamente ningún preparado artificial que sea capaz de reproducir las propiedades de la leche materna. Existen múltiples estudios y una amplia evidencia científica de que la lactancia materna mejora y optimiza aspectos clave del desarrollo del niño, y fortalece su sistema inmunitario.

 

No es objetivo de esta guía proporcionar información acerca de las técnicas de lactancia materna, que serán abordadas en otro lugar. El bebé debe amamantarse a demanda, es decir, siempre que quiera. Esto es especialmente importante las primeras semanas, cuando los horarios tienden a ser un poco “caóticos”.

 

En nuestro caso, siempre que sospechemos que el bebé tiene hambre, debemos ofrecerle el pecho. Si, a pesar de ofrecerle a demanda, creemos que nuestro bebé continua teniendo hambre, debemos consultar con nuestro pediatra para que pueda revisar la progresión de peso y la técnica alimentaria.

 

Progresivamente, conforme avanzan los meses, lo más habitual es que el niño tienda a establecer unos horarios con un esquema de desayuno-toma de mediamañana-comida-merienda-cena.

 

La lactancia materna debería ser el alimento exclusivo del bebé al menos hasta los 6 meses, sin que sea necesario introducir ningún otro alimento. 

 

Es muy importante para el bebé que la madre cuide especialmente su alimentación en este período y evite el consumo de tóxicos que puedan suponer un riesgo para el bebé (principalmente alcohol y tabaco) al ser excretados en la leche materna. En ocasiones oímos que las madres siguen consumiendo tabaco con la excusa de que “el médico me lo recomendó para no tener tanta ansiedad”. Este supuesto es completamente falso. Somos conscientes de que es necesario una enorme fuerza de voluntad para dejar de consumir una sustancia tan adictiva como el tabaco, pero si no lo hacemos el desarrollo de nuestro bebé ser verá irremediablemente afectado. Existen múltiples estudios que relacionan la exposición a alcohol y nicotina con un peor desarrollo neurológico.

 

La madre debe asegurarse una ingesta adecuada de pescado (fuente de ácidos grasos omega-3) y carne (fuente de hierro). Existe también una fuerte evidencia de que el déficit de ácidos grasos omega-3 y el déficit de hierro en etapas claves del desarrollo se relacionan con problemas de aprendizaje y comportamiento principalmente a partir de los 4-5 años.

 

En el caso de que la madre sea vegetariana, debe consultar con su médico para establecer la indicación de suplementar las vitaminas y oligoelementos necesarios para el desarrollo del bebé. Deben tenerse en cuenta circunstancias médicas que favorecen estos déficits carenciales, como son por ejemplo la cirugía de reducción de estómago, que impide la absorción de vitamina B12 y puede llegar a producir anemia en el bebé y un retraso psicomotor grave.

 

En contra de la creencia popular, no se recomienda una ingesta excesiva de leche / lácteos por parte de la madre, ya que suele empeorar los cólicos del bebé.

 

Si por la circunstancia que sea, nuestro bebé no ha podido recibir lactancia materna, la única alternativa válida en este momento son las leches para lactantes.

 

Existen múltiples marcas y formatos orientados a solventar problemas habituales en los bebés (leches antirreflujo, antiestreñimiento, anticólicos, etc). Si nuestro niño no tiene ningún problema digestivo, deberíamos optar por una leche de fórmula “normal”, ya que ninguna de las fórmulas especiales previene frente a problemas, y su eficacia real suele ser bastante limitada.

 

Las fórmulas especiales deben ser indicadas por pediatras, tras tener una entrevista con los padres y poder explorar al niño. Nunca se debe establecer esta indicación desde la farmacia o el punto de venta de la leche. Repetimos: la indicación de fórmulas especiales debe establecerse por parte de un médico especialista en pediatría.

 

El efecto terapéutico de este tipo de leches “especiales” se consigue reduciendo o aumentando el porcentaje de determinados componentes de la leche de vaca, o añadiendo otros.

 

En el caso de las leches antirreflujo, añaden distintas harinas (principalmente de algarrobo o patata) que espesan la leche para evitar el reflujo (se trata de una solución meramente mecánica: espesar la leche para que “no suba”). Esta leche más espesa puede mejorar el reflujo en algunos casos leves, pero como contrapunto suele producir problemas de estreñimiento (al ser más espesa, los niños tienden a estreñirse).

 

Las leches anticólicos suelen contener una proporción menor de lactosa (un azúcar presente en la leche) en su composición, por lo que pueden favorecer la digestión de la misma, especialmente si existen antecedentes familiares de intolerancia a la lactosa. Como comentaremos posteriormente, no existe la “alergia a la lactosa”.

 

Las leches antiestreñimiento aumentan el porcentaje de residuos “laxantes” de la leche de vaca. Actualmente existe una tendencia generalizada en añadir probióticos en la composición de las leches de fórmula, y aunque estos se han mostrado beneficiosos en algún grupo de bebés (principalmente niños prematuros), está por ver el papel que jugarían en niños sin ningún tipo de patología, así como la dosis adecuada de estos en la composición de la leche y su posible inactivación al preparar el biberón caliente.

 

Por el momento el grado de evidencia científica para generalizar el uso de probióticos como prevención de problemas digestivos en niños sin antecedentes de prematuridad no es lo suficientemente robusto.

 

 

Situaciones especiales

 

Existen situaciones médicas particulares que requieren el uso de una leche “especial” como es la Intolerancia / Alergia a las Proteínas de Leche de Vaca (IPLV / APLV), que se trata con una leche especial denominada leche hidrolizada.

 

La leche hidrolizada tiene la misma composición que la leche de fórmula normal, pero las proteínas de leche de vaca están “cortadas” en pequeños trozos mediante un proceso químico para que el intestino del niño no las reconozca como “dañinas” y se desencadenen los síntomas de alergia.

 

Es importante diferenciar la intolerancia la lactosa de la IPLV. La lactosa es un azúcar que se digiere en nuestro tubo digestivo a través de una enzima denominada lactasa. En personas en las que esta enzima no funciona adecuadamente, la lactosa no se digiere bien, y se producen una serie de síntomas digestivos (dolor abdominal, flatulencias, sensación de plenitud, molestias, diarrea….). Al tratarse de un azúcar, no existe (en general) la “alergia a la lactosa”. El tratamiento de este problema es una leche sin lactosa.

 

La IPLV puede producir síntomas similares a la intolerancia a la lactosa, aunque generalmente con mayor intensidad y su tratamiento es con una leche hidrolizada.

 

La APLV sería el cuadro más severo, pudiendo asociar síntomas más graves. Además de los digestivos, los propios de una alergia “clásica”: aparición de una erupción cutánea, síntomas respiratorios, hinchazón… En algunos bebés el cuadro también se puede diagnosticar si detectamos los primeros meses de vida la presencia de sangre en las heces (consecuencia de la lesión de la mucosa intestinal), por lo que se deberá consultar con el pediatra a la mayor brevedad posible. El tratamiento: una leche hidrolizada, que resolverá los síntomas.

 

Cantidad y frecuencia de las tomas (en caso de leches de fórmula)

 

NOTA IMPORTANTE: Lo ideal son las tomas “a demanda”, sea de lactancia materna o lactancia artificial (en este último caso si la madre por cualquier razón de peso no ha podido dar lactancia materna). Simplemente damos una aproximación a lo que suele comer un bebé alimentado con leche de fórmula según la edad que tiene, aunque somos conscientes de que existe una enorme variabilidad.

 

Volvemos a insistir nuevamente que la leche materna es el alimento de elección para cualquier bebé independientemente de su peso o edad gestacional, y que no tiene porque introducirse ningún tipo de alimento más hasta los 6 meses, momento en el que comenzará con la alimentación complementaria.

La cantidad de leche de fórmula a administrar a un bebé varía en función de su peso y su curva de crecimiento. No es una buena estrategia el guiarse por “lo que comen los demás”. En general los pediatras tendemos a establecer unos “máximos” en cuanto a la cantidad de las tomas de lactancia artificial en función del mes, pero estas cantidades deben individualizarse en cada niño. Volvemos a insistir: en función del peso a esa edad en concreto y en función de la progresión de la curva de crecimiento.

 

En un niño a término de peso adecuado (niño nacido entre las 38 y las 42 semanas de edad gestacional, con un peso de entre 2.500 gr y 4.500 gr), si por cualquier razón no se pudiera iniciar la lactancia materna tras el nacimiento, se podrá iniciar la alimentación con tomas de leche de fórmula de 30 ml.

 

Progresivamente, en función de la tolerancia, se irá aumentando la cantidad de la leche de fórmula hasta 60 ml la primera semana, 90 ml la segunda o tercera semana, y 90-120 ml la tercera o cuarta semana.

 

A partir del mes de vida, las tomas de leche de fórmula serán de 120-150 ml, a partir de los dos meses 150-180 ml, tres meses 180-210 ml, y alrededor del quinto-sexto mes 240 ml.

 

Recordamos que estas serían las cantidades máximas recomendadas de leche de fórmula. Un niño que toma menos cantidad, pero que presenta una curva de peso adecuada, no debe preocuparnos, ya que estas cantidades son meramente orientativas.

 

De la misma forma, la frecuencia de las tomas variará progresivamente a lo largo de los meses, tendiendo a realizar 7-8 tomas inicialmente, y disminuyendo posteriormente a lo largo de los meses hasta quedarse en 4-5 tomas al día, con esquema recomendado de desayuno-mediamañana-comida-merienda-cena.

 

Los horarios recomendados a partir de que el bebé comience a establecer los ritmos circadianos (estar despierto por el día, y dormir por la noche), serían del tipo 9:00 h – 13:00 h – 17:00 h – 20:00 h.

 

Para los despistados / despistadas que no lo han leído aún 😉 (aunque nos parece raro porque lo hemos repetido más de 10 veces en esta guía):

La lactancia materna a demanda debería ser el alimento exclusivo del bebé al menos hasta los 6 meses, sin que sea necesario introducir ningún otro alimento. 

 

 

4. ¿Son necesarios los suplementos nutricionales?

 

Hemos anticipado anteriormente la necesidad de administrar suplementos nutricionales a algunos niños en particular.

 

Todos los niños en nuestro medio deben recibir un suplemento de vitamina D para prevención del raquitismo. El déficit de vitamina D es una situación cada vez más frecuente, y esta es una forma de prevención eficaz en los primeros meses de vida.

 

La vitamina D, además de estar implicada en la génesis del raquitismo (ya que favorece la absorción de calcio), también interviene en múltiples procesos claves a nivel hormonal, inmunológico y metabólico, y se trata de una molécula que ha despertado el interés de múltiples grupos de investigación.

 

La dosis recomendada por distintos comités de expertos es de un mínimo de 400 UI/día durante el primer año de vida, aunque algunos grupos ya recomiendan dosis mayores, de 1.000 UI/día.

 

Hemos hablado previamente de la importancia del hierro para el desarrollo neurológico de nuestro bebé, pero también está implicado en otros procesos claves a nivel metabólico e inmunológico. En niños con lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, se recomienda la administración de un suplemento de hierro entre los 6 y los 8 meses, para prevenir la aparición de anemia a esa edad. Las leches artificiales ya incluyen el hierro dentro de sus componentes, por lo que no es necesario suplementar a los niños que reciben fórmula.

 

En niños prematuros o con otro tipo de factores de riesgo perinatales (crecimiento intrauterino retardado, infecciones al nacimiento, etc.) distintas guías han postulado la indicación de suplementar con ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA), ya que se ha observado que su administración en estos grupos de riesgo parece mejorar el pronóstico neurológico de este grupo de riesgo, principalmente a nivel de funciones ejecutivas.

 

Asimismo, en estos grupos de neonatos de riesgo también se comprobado la utilidad de la suplementación con probióticos. Estas recomendaciones, por el momento, no se pueden generalizar y deben individualizarse en cada niño hasta que la evidencia científica sea más contundente.

 

 

 

5. Introducción progresiva de cada alimento

 

Hemos comentado que la lactancia materna es el alimento de elección hasta los 6 meses, recomendando mantenerla de manera exclusiva hasta esta edad.

 

¿Cuándo podemos introducir progresivamente nuevos alimentos para completar la alimentación del niño?.

 

Alrededor de los 6 meses. Puede ser un poco antes, pero debe tener los 4 meses cumplidos para evitar intolerancias. También se puede empezar algo después. Este proceso de introducción gradual de alimentos se realizará a lo largo del primer año y medio de vida.

 

No existe un consenso generalizado y estricto, si no que existen una serie de recomendaciones “flexibles” que se deben adaptar a cada niño. Es decir, en función de las circunstancias del niño y su desarrollo, se adaptarán estas recomendaciones de alimentación.

 

Los tres alimentos con los que debemos poner especial cuidado a la hora de su introducción son el gluten, el pescado y el huevo; ya que son los que están implicados con más frecuencia en las alergias o intolerancias alimentarias.

 

Vamos a ver los alimentos que podemos ir introduciendo progresivamente (volvemos a incidir en que estas recomendaciones son flexibles, no debe seguirse un orden determinado ni tampoco es necesario seguir una cronología determinada.

 

El orden da igual, pero conviene empezar poco a poco, para comprobar que los alimentos le sientan bien. Uno o dos alimentos nuevos cada semana.

 

Cereales sin gluten

 

Se suelen introducir bien en forma de papilla que se prepara con agua (hay múltiples preparados) o bien añadiéndolos al biberón ya preparado en el caso de los niños que reciban fórmula.

 

Como guía general, deben utilizarse a lo largo del día tantos cacitos como meses tenga el niño (ejemplo: 6 meses = 3 cacitos de cereales en el biberón de la mañana y 3 cacitos de cereales en el biberón de la noche).

 

Es importante ir cambiando progresivamente las tetinas de los biberones hacia las indicadas para “alimentos espesos”, ya de otra manera el bebé no podrá succionar adecuadamente. En cuanto al tipo de cereales, tan sólo comentar que en niños con tendencia al estreñimiento, pueden beneficiarse de cereales con un “extra” de fibra.

 

Por si no ha quedado claro 😉 volvemos a comentar que la lactancia materna es el alimento de elección hasta los 6 meses, recomendando mantenerla de manera exclusiva hasta esta edad.

 

 

Fruta

 

Se suele dar a la merienda. Las frutas recomendadas son la pera, el plátano, la naranja y la manzana. Posteriormente, si las anteriores son bien toleradas, podremos añadir sandía, melón y ciruela; y progresivamente el resto. 

 

Las frutas deben introducirse una a una cada 1-2 días, en forma de papilla con cuchara, o en trozos si optamos por el Baby Lead Weaning (BLW). En este último caso hay que tener especial cuidado con trozos de manzana y de piña, por el riego de atragantamiento. Es habitual que tardemos varias semanas en conseguir que tomen una cantidad significativa de fruta, y en este punto nos lo debemos plantear más “como un juego” tratando de que el bebé vaya progresivamente descubriendo nuevas texturas y sabores.

 

Cuando consigamos que tomen una cantidad suficiente de fruta, podemos retirar la toma de biberón correspondiente a la merienda (en caso de niños alimentados con leche de fórmula).

 

Probablemente no lo hemos comentado 😉 así que te recordamos que la lactancia materna es el alimento de elección hasta los 6 meses, recomendando mantenerla de manera exclusiva hasta esta edad.

 

Verduras y carne

 

Esta es una parte clave en su alimentación. Comenzaremos con las verduras y la carne, fuente de hierro y pilar básico de su alimentación.

 

Las verduras recomendadas al inicio son la patata, la zanahoria y el puerro, que se deben triturar con un poco de aceite de oliva. Posteriormente podremos incorporar el calabacín, la calabaza y las judías verdes, y después el resto progresivamente.

 

Recomendamos no empezar con los grelos, las espinacas, las coles y las acelgas hasta más adelante (alrededor del año). De iniciarse antes de esta fecha, deben consumirse inmediatamente después de prepararlas para minimizar la posibilidad de desarrollar una metahemoglobinemia debido al inmaduro metabolismo de los bebés en etapas tempranas.

 

Las verduras deben tomarse a la hora de la comida, en forma de papilla también con cuchara, o en trozos si hemos optado por BLW. En este momento debemos añadir la carne, inicialmente en forma de pollo, carne de ternera o pavo, también en papilla.

 

Así como con la leche establecíamos un máximo de 240 ml por toma independientemente del peso del bebé, en el caso de los purés o BLW no se suele establecer ningún límite.

 

¿Sabías una cosa? 😉 La lactancia materna es el alimento de elección hasta los 6 meses, recomendando mantenerla de manera exclusiva hasta esta edad.

 

Gluten.

 

La recomendación de introducción del gluten ha ido variando con el tiempo, pero el consenso generalizado de los distintos comités de expertos orienta al rango de edad entre 5-6 meses como el adecuado para minimizar la posibilidad de desarrollar una enfermedad celíaca en pacientes susceptibles.

 

No está demostrado que la exposición al gluten por debajo de esta edad o por encima de ella disminuya la posibilidad de desarrollar una enfermedad celíaca, sino más bien todo lo contrario. El hecho de ofrecer gluten después de los 7-8 meses sí se ha relacionado con un aumento de este riesgo.

 

Las galletas o el pan no ofrecen ningún beneficio en este rango de edad, aumentan el riesgo de atragantamiento, y suponen exponer al bebé a productos con una palatabilidad mucho mejor que los alimentos que estamos introduciendo, pudiendo influir negativamente en sus patrones de comida. Este último punto es aplicable a los yogures adaptados para bebés.

 

 

Pescado blanco

 

Comenzaremos con el pescado blanco no muy graso: merluza, gallo, lenguado, rape o bacalao son los más indicados. Iremos alternado unos días carne con verduras y otros pescado con verduras.

 

 

Huevo

 

En general se suele recomendar iniciar una “exposición controlada” al huevo, al tratarse de un alimento muy alergénico.

 

Sólo lo administraremos una vez por semana. Lo poderemos introducir en pequeñas cantidades en el puré del mediodía (muy cocinado).

 

 

No solo debemos introducir alimentos: introducción de nuevas texturas

 

En cuanto veamos que el niño está preparado (cuánto antes mejor, si vemos que va a ser capaz de manejarlo), debemos comenzar a variar las texturas de la comida. Es recomendable reservar trocitos de patata o zanahoria cocidas (aparte del puré) para que él las vaya cogiendo con las manos.

 

También podremos empezar a darle algunas verduras o pescado chafado con el tenedor. Podremos también variar las guarniciones, pudiendo introducir pasta o arroz en lugar de las patatas / calabacines.

 

 

¿Qué más alimentos debemos introducir progresivamente?:

  • Verduras en puré: espinacas, remolacha, nabos, coliflor, repollo.
  • Verduras en ensalada: tomate fresco, lechuga, zanahoria rallada, maíz… en tiritas, ralladas o en pequeños trozos aliñadas con aceite de oliva.
  • Legumbres secas: garbanzos, lentejas, judías, en pequeñas cantidades, cocinadas con las verduras del mediodía sustituyendo a al carne o al pescado.
  • Yogur, queso fresco.
  • Otras carnes: cordero y cerdo, siempre las partes menos grasas.
  • Crema de cacahuete 100%
  • Pescado azul: caballa, boquerones, sardinas, jureles, salmón. Evitar pez espada, tiburón (o cazón o tintorera), lucio y atún rojo hasta los 3 años de vida.

 

Es importante señalar que el ritmo de crecimiento es más lento a partir del año de vida y los niños necesitan comer proporcionalmente menos. Suele ser un motivo frecuente de consulta esa “falta de apetito” fisiológica que se produce a partir de esta edad.

 

En este punto del desarrollo es el momento de concentrarse más en la variedad de alimentos que en la cantidad. Es necesario abrir el abanico y dar entrada a nuevos platos, cada vez más parecidos a los nuestros. Es recomendable (si no se ha hecho antes) acoplar también su horario de comidas al esquema clásico: desayuno, pequeño tentempié a media mañana, comida, merienda y cena, evitando que pique entre horas.

 

Es tiempo de abandonar la batidora: aunque puedes seguir dándole purés, altérnalos con verduras, carnes, y pescados en trocitos. Y también conviene sustituir poco a poco el biberón por el vaso.

 

Es bueno que vaya empezando a comer solo, aunque tú le ayudes, y a compartir mesa con los mayores, al menos los fines de semana, Si lo dejas para más tarde, le será mucho más difícil adquirir esos hábitos para los que ya está suficientemente preparado.

 

¿Pescado azul y frutas tropicales?

 

Para empezar con el pescado azul (fuente de ácidos grasos omega 3 y 6): atún, sardina, arenque, salmón, trucha (pez espada, atún rojo o lucio NO son recomendables).

 

A lo largo de este segundo año de vida se recomienda abandonar paulatinamente las texturas homogéneas y ofrecerle la mayor variedad de alimentos posible.

 

Una dieta equilibrada de un niño a partir del año y medio debería incluir:

 

  • Al menos 1 ración de verduras o ensalada en la comida y en la cena.
  • Al menos 2 piezas de fruta al día, una de ellas cítrica (a partir de los 2 años, también fresas y las bayas rojas y melocotón).
  • Patatas, arroz, pasta o pan en todas las comidas del día.
  • Legumbres al menos dos veces por semana.
  • 2 vasos de leche o yogur al día.
  • 2-3 huevos por semana, evitando los fritos.
  • Pescado azul una vez por semana, y blanco dos veces.
  • Carne, dos o tres veces por semana, en pequeña cantidad.
  • Aceite de oliva.

 

En general:

 

  • Los alimentos vegetales son muy importantes: las frutas, verduras o legumbres se deben tomar a diario.
  • También los cereales y los feculentos, que aportan energía: pan, arroz, patatas y pasta.
  • Las carnes, pescados y huevos se van alternando en comida y cena.
  • Puede tomar purés, pero conviene que se acostumbre a masticar. Aunque coma menos cantidad, se desarrollan mejor la mandíbula y los dientes.
  • La variedad de la dieta garantiza que toma todas las vitaminas y nutrientes necesarios.

 

6. Adecuados hábitos alimentarios

 

No existen atajos para que un niño coma bien. De la misma manera que no hay atajos para perder peso, tampoco es razonable entregarnos a remedios milagrosos para que nuestro niño coma bien, sino que este objetivo requiere de la adquisición progresiva y constante de unos hábitos.

 

Dentro de estos hábitos se incluirían:

 

Asocia la comida con algo “bueno”.

Nunca van a funcionar los castigos o los enfados. Desiste. Cambia el chip. Tienes que establecer un plan mediante el cual tu hijo asocie la comida con algo positivo. Este plan pasa por utilizar los “refuerzos positivos”: cada vez que apreciemos cierto avance en la comida debemos inmediatamente reforzarlo: prémiale, recálcale lo bien que lo ha hecho y lo orgulloso que estás de él. Mejora su autoestima. Debe producirse (a lo largo del tiempo, y con mucha paciencia) una asociación entre “comer bien” y sentimientos de alegría, trabajo bien hecho, orgullo… El día que no se produzcan avances (que serán la mayoría al principio, no desesperes), simplemente muéstrate indiferente, no le riñas.

 

 

Evita los aparatos electrónicos (tv, tablets, etc) durante la comida.

Debemos favorecer la autonomía de los niños desde pequeños, y en el caso de la comida, este aspecto es crucial. El niño tiene que ser totalmente consciente del acto de comer, no debe poner el “piloto automático”. Zombificarlos o distraerlos para que coman sin darse cuenta no es una adecuada estrategia. La gran mayoría de los problemas de alimentación surgen cuando creemos que estamos ayúdandole a comer poniendo una pantalla electrónica en su cara. Error.

 

 

Asigna un tiempo determinado a la comida.

No prolongues las comidas de manera que se solapen entre ellas. 30-45 minutos para la comida es suficiente para que un niño pueda acabar el plato. La estrategia de “no te levantes hasta que te acabes el plato” sólo hará que empeore la situación, ya que así nunca tendrá hambre en la siguiente comida, y entraremos en un círculo sin fin. Debemos informar y explicar al niño que tiene un tiempo determinado para acabar el plato, transcurrido ese tiempo, retiramos el plato (sin dar más explicaciones, ya se las hemos dado antes) y esperamos a la siguiente comida.

 

 

No generes una situación de ansiedad (en el niño y en ti)

La gran mayoría de los niños sin problemas médicos tienen un estado nutritivo adecuado, y no va a ocurrir nada si nos saltamos alguna comida. Lo que sí puede desembocar en problemas de salud futuros es el hecho de mantener en el tiempo unos inadecuados hábitos alimenticios.

 

 

No sustituyas las comidas “oficiales” por otras más “apetecibles”.

Expresiones del tipo: “es que solo toma el biberón, se lo tengo que dar porque si no no se alimenta”, o “sólo le gustan los nuggets de pollo, si no se los damos no come nada”, etc. son muy frecuentes en las consultas de pediatría.

 

Siendo conscientes de la complejidad de lidiar con problemas de alimentación a diario, debemos mantenernos firmes y enseñar a nuestro niño (y a nosotros mismos) que este tipo de dietas restricitivas son muy pero que muy perjudiciales para su salud y pueden acarrear problemas en el futuro.

 

 

No suelen estar indicados los “jarabes para abrir el apetito”.

Los estimulantes del apetito que existen están en desuso debido a sus efectos secundarios, y no sirven de nada si no se corrigen conjuntamente los malos hábitos alimentarios. Tampoco existen “sustitutivos” ni “vitaminas” para compensar una inadecuada ingesta de nutrientes, excepto que se compruebe un déficit carencial.

 

 

No abuses de alimentos que “saben muy bien” a edades tempranas.

La introducción de “galletitas”, “pan”, “cereales con miel” “gusanitos” etc. a unas edades tempranas hacen que los niños rechacen (espacialmente si saben que van a conseguir sin dificultad este tipo de productos) el resto de alimentos que si son necesarios para su correcto desarrollo. No hay ninguna prisa para darle galletitas a un bebé: ¡intenta contener a las abuelas! 😉