Trastornos neurodesarrollo

La historia de Mario

6 de julio, 2018 | Alfonso Amado

Hoy te voy a contar una historia. La historia de Mario.

 

Mario es un niño de moreno de piel pero con pelo rubio y rizado. Sus padres siempre han estado sanos, y trabajan como comerciales en empresas del sector sanitario. La hermana mayor de Mario tuvo algunos problemas con la lectoescritura (y lo pasó muy mal), por lo que con Mario han estado muy atentos a su desarrollo desde el inicio.

 

La madre no llevó el embarazo de Mario bien. Mucho estrés por una amenaza de parto prematuro en el primer trimestre. De hecho, Mario, quiso aparecer antes de que le tocase. Nació en la semana 35 (casi un mes antes). Precisó incubadora durante 1 semana porque su peso era un poco bajo. Debido a esto, a su madre le resultó difícil comenzar y poder mantener la lactancia materna.

 

De pequeño siempre estaba con catarros. Tantos catarros que sus amigdalas comenzaron a aumentar de tamaño, ocasionándole problemas para dormir. Roncaba, se despertaba…, incluso a veces dejaba de respirar. Mario no descansaba nada bien. De hecho, descansaba tan mal que los otorrinos decidieron quitarle las amígdalas.

 

Ese no fue su único contacto con los hospitales. Su padres lo tenían que llevar a Urgencias por golpes y caídas: una conmoción cerebral con 4 años tras caerse de un banco al que se había subido, una fractura de peroné con 7 años tras saltar desde un muro, puntos de sutura al golpearse contra muebles / paredes en su casa… Por culpa de estas conductas de riesgo siempre precisó supervisión constante. Sus padres estaban agotados. ¡Parecía que tenía un motor!

¿Te vas haciendo una idea, verdad?

 

Practicaba taekwondo por recomendación del profesorado, pero también en esta actividad su profesor relata que  es muy difícil que siga los ejercicios indicados.

En el cole era un niño muy bueno y cariñoso, pero precisaba una atención individualizada y muchos apoyos. Los profesores tenían que reclamar su atención constantemente, y comentía muchos errores por descuido. En algún momento su ritmo de aprendizaje comenzó a ir más lento que el resto de los niños. Mario se daba cuenta de todo esto, pero no lo podía evitar.

 

En el momento de mi valoración cursaba primero de la ESO (repitió 2º primaria). En el primer trimestre había suspendido 4 asignaturas (inglés, lengua castellana, lengua gallega y matemáticas). La familia era incapaz de trabajar con él en casa a pesar de intentarlo.

El deterioro académico era tan progresivo y marcado, que a los padres les plantearon la conveniencia de repetir curso de nuevo. Llegado este punto, se recomendó una valoración especializada (9 años).  El Dpto de Orientación de su colegio había elaborado un informe completísimo y muy bien orientado en el que se describían conductas compatibles con TDAH.

 

Comenzamos nuestra Consulta de Alta Resolución Neuropediátrica a través de la Docline.

 

Recomendamos, tras una primera valoración, potenciar apoyos escolares junto con terapia cognitivo-conductual en Gabinete Pedagógico externo a través una beca para niños con necesidades educativas especiales adjuntando nuestro informe diagnóstico. También comenzó terapia a través de nuestra plataforma Sincrolab.

 

Se contactó con el colegio para establecer una relación directa de comunicación que ayudase a potenciar e individualizar los apoyos, con una abordaje integral inter y trans-disciplinar con el objetivo de mejorar la calidad de vida de Mario y de su familia.

 

Corregimos también patrones de sueño que no le beneficiaban, y también hicimos algunos ajustes en su dieta.

 

Mario mejoró, pero ya veníamos de una situación límite, y el curso no va bien. Había mejorado el plano social, el familiar… pero no tanto el académico, y no lo suficiente. Mario va a repetir curso y no lo está pasando bien a pesar de esforzarse al máximo.

 

Tenemos una consulta de revisión y concordamos, con la familia y el colegio iniciar una abordaje farmacológico del problema, iniciando tratamiento con metilfenidato liberación OROS en pauta de dosis creciente, en contacto directo y frecuente con la familia.

 

La respuesta clínica es muy buena aún con dosis bajas (0.75 mg/kg), con muy buena tolerabilidad (no efecto secundarios significativos). En controles de datos antropométricos que nos envía la familia no se evidencia pérdida de peso significativa. En el tercer trimestre del curso se realiza ajuste de dosis a 1.2 mg/kg, produciéndose una mejoría aún más marcada, manteniéndose la buena tolerabilidad.

 

Llegan las notas… y Mario ya no necesita repetir curso, promociona como el resto de sus compañeros. Todo funciona como debería de funcionar, y lo más importante para nosotros: se produce una mejoría muy significativa en la autoestima (el aspecto que la familia y nosotros valoramos más positivamente).

 

Soy el Neuropediatra de muchos “Marios” desde años, y espero seguir guiándolos a ellos y sus familias unos cuantos más, hasta que no necesiten mi ayuda.