Problemas Frecuentes

Dolores de cabeza en niños

16 de diciembre, 2018 | Alfonso Amado

Estamos asistiendo en los últimos años a un aumento exponencial de las consultas médicas por cefaleas en niños.

 

La alimentación, el estrés al que están sometidos, el uso de pantallas electrónicas, los problemas de sueño… Todos estos factores pueden contribuir a explicar este aumento.

 

Es conveniente identificar el tipo de cefalea que presenta el paciente, para valorar qué pruebas complementarias es necesario practicar, y que plan de tratamiento podemos plantear para mejorar la calidad de vida del niño y de su familia.

 

En la consulta necesitaremos información acerca de las características de la cefalea, su frecuencia e intensidad. No es lo mismo un dolor de cabeza que ocurre 1-2 veces al mes que el que ocurre 3-4 veces a la semana. No es lo mismo el dolor de cabeza en el que el niño no necesita tomar ningún analgésico y cede solo, que el que precisa ibuprofeno con frecuencia o que le obliga a faltar al colegio. Para agilizar esta recogida de datos, recomendamos a las familias apuntar en una libreta los días que le duele la cabeza al niño, así como la duración del episodio y si precisan un analgésico o no. Este calendario nos ayudará a poder llegar a un diagnóstico certero, principalmente para poder diferenciar entre los dos tipo de cefaleas más frecuentes en la infancia: las cefaleas tensionales y las migrañas (aunque hay más tipos).

 

Es imprescindible una exploración neurológica completa, y en algunas ocasiones serán necesarias pruebas complementarias (ecografía del nervio óptico, estudio de fondo de ojo, resonancia magnética…).

 

El tratamiento médico tiene dos objetivos:

  1. Controlar la intensidad del dolor, en caso de no funcionar los analgésicos habituales.
  2. Disminuir la frecuencia de los episodios, en caso de episodios muy repetidos en el tiempo, y que motivan un impacto negativo en la vida diaria (absentismo escolar, etc).

Además de estas intervenciones médicas, debemos corregir posibles desarreglos a nivel de sueño y alimentación que puedan estar contribuyendo a empeorar el cuadro.